Primero, tengo mil historias que quedaron en el teclado (léase: tintero) de la corta pero linda época de vacaciones; pero esto TENÍA que escribirlo.
Desde al año 2010 vengo subiendo desproporcionada de peso, y aunque mi último recurso (1 mes en el gimnasio) no funcionó -lo cual debió hacerme gritar de la frustración- no he hecho nada más al respecto.
Hoy en la tarde, regresando de almorzar sucedió lo inesperado: no hice ningún movimiento brusco, pero el botón de mi pantalón salió volando. No es que nunca me haya pasado -de hecho, esta sería la tercera vez que hago saltar el botón de mi pantalón en los últimos 2 años-, el problema es ¡que este pantalón es la talla más grande que he usado en mi vida! Hacer saltar el botón de un pantalón talla 26 en una etapa post depresiva (cuando me deprimo no como) es normal, pero hacer saltar el botón de un patalón talla 30...es imperdonable.
No es que tenga algo en contra de SER gordita. De hecho serlo no tiene por qué ser algo catastrófico, pero darte cuenta que estás usando 2 ó 3 tallas más de lo que siempre usas, vamos, a todas nos afecta. O que si te faltan pantalones ya no sea tu hermana menor la que te preste sino tu mamá es algo que te da qué pensar, sobre todo si absolutamente todo es culpa de tu propio descuido.
Así que he decidido abrir mi mente, dejar de lado los prejuicios de que sólo las huecas hacen dieta -aunque sólo las huecas hablan todo el día de dietas (cuando no son nutricionistas, claro)- y empezaré una dieta.
Cuando juego "yo nunca" difícilmente se me ocurre qué decir, pero ahora sé que nunca podré jugar y decir -a partir de hoy- que yo nunca he hecho dieta.
Así que aquí vamos en esta nueva aventura. Iré de lo más fácil a lo más difícil:
- Dejar toda clase de dulces. Esto es lo más fácil pues no suelo comer golosinas ni nada dulce.
- Beber mucha agua. Esto es un poco más complicado pero he ideado la forma de engañarme a mí misma. Comprar agua embotellada en raciones de un litro y dejarla al lado de mis libros me obligará a llevarla a la universidad y allá, lo aburrido de las clases hará el resto. Días de clase mañana y tarde harán que sin darme cuenta beba 2 litros diarios.
- Montar bicicleta. Esto no presenta por sí mismo mayor reto, excepto porque mi novio me lleva y recoge de la universidad varias veces a la semana. Sin embargo ahora puedo hacerlo sin mayor complicación porque su moto está en el taller.
- Dejar las frituras: Esto es lo más difícil de todo. Empezaré por no gastar ni un sol en frituras. Esa única regla me libera por lo menos de un 50% de lo frito que como (que es bastante en realidad).
- Tomar un abundante desayuno: Esto hará que disminuya mi ración del almuerzo y la cena sólo se limite a una infusión y un sándwich de pan integral.
- Tener siempre a la mano snacks: Pero estos tienen que ser bajos en calorías y ricos en fibras. De esta manera en lugar de sobrecargar mi organismo, le haré un favor mejorando la digestión.
arrancando, no te mates de hambre. Deja tomar gaseosas o jugos de caja, deja de comer carbohidratos como pan, papas y arroz (o uno de dos, si comes arroz no comas papas y viceversa). Y listo, toma muchísima agua y ya! habrás bajado mucho en poco tiempo sin que te des cuenta.
ResponderEliminarUn abrazo enorme a la distancia :)